Escritor, periodista y fotógrafo argentino, Isidoro Blaisten (1933-2004) es muy poco conocido en México –casi nada pues no es editado en nuestro país. Su obra está impregnada de esa originalidad extravagante que cimbra desde el más joven hasta el más experimentado lector. Títulos como La felicidad (1969), La salvación (1971) y Cerrado por melancolía (1981) son los que componen su obra. Hoy en día bien valdría la pena conseguir A mi nunca me dejaban hablar (1985) que es la antología de sus cuento esenciales.
Isidoro Blaisten decía que el cuento era como un hermano de la poesía y, aunque utilizaba la idea y no reconocía su deuda con Cortázar, podemos deducir de esto que hay cierta fraternidad entre argentinos; bueno, al menos de parte de Blaisten sí. Otra cosa se puede observar respecto a la similitud de ambos escritores, pues los coloquialismos que impregnan el lenguaje del narrador en “El tío Facundo” hacen propicia una lectura en voz alta; ya sabemos que Cortázar también pensaba en algo así cuando escribía.
“El tío Facundo” (revista Sur, 1968) es uno de esos pocos cuentos inteligentes que se preocupan por destruir los moldes canónicos. Desde el principio sabemos el desenlace de la historia, aunque no por eso deja de ser su lectura una experiencia equiparable a un intenso –y melancólico− poema. Entonces, el lector está frente a una pieza narrativa que es tan inocente como un primer beso entre dos amantes que se saben destinados a la cópula –la muerte anunciada del tío Facundo en este caso.
¿Fatalismo?, ¿inserción de un ente extraño en una sociedad meticulosamente estructurada?, ¿cinismo colectivo?, son algunas de las preguntas que surgen después de haber leído este memorable cuento.
En fin, hace falta justicia para Blaisten, hace falta un homenaje digno de un buen escritor: hace falta leerlo, eso es todo.
Josué S. H.
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada